lunes, 3 de marzo de 2025

Lojo se emborracha

Lojo se Emborracha.

El sábado en Too Tattoo había transcurrido con su habitual mezcla de caos y sarcasmo. Jacobo llevaba cinco croquetas de ventaja sobre el resto del equipo, Jun había amenazado con prender fuego al estudio al menos dos veces, y Soraya había convencido a un cliente de que tatuarse “La Vida es Bella” en Comic Sans era socialmente inaceptable.
Y Lojo, como siempre, estaba impecable. Con su camisa planchada, su calva increible y esa calma de dios griego que hacía que pareciera inmune al estrés. Mientras todos los demás en el estudio sobrevivían con cafeína y odio puro, Lojo parecía haber sido diseñado en un laboratorio para ser el epítome de la serenidad.
Hasta que dijo algo que cambió la realidad de Too Tattoo para siempre.
—Creo que esta noche voy a salir.
El silencio fue tan absoluto que hasta la máquina de tatuar de Aldara pareció detenerse.
—¿Cómo? —preguntó Soraya, dejando de rascarse la nariz con un bolígrafo.
—Voy a salir —repitió Lojo con su habitual tono de tranquilidad absoluta, como si acabara de decir que iba a comprar pan.
Jacobo dejó caer su croqueta al suelo.
Jun frunció el ceño, como si estuviera viendo una falla en la Matrix.
Aldara entrecerró los ojos con sospecha.
—¿A dónde?
—Un bar nuevo en el centro. Han abierto un sitio de cócteles interesante.
—¿Tú? —Jun lo miró con incredulidad—. ¿En un bar de cócteles?
—¿Tú bebes? —preguntó Jacobo, con la misma cara que pondría si le dijeran que su comida favorita ahora era vegana.
—Sí. Ocasionalmente —respondió Lojo con indiferencia.
—¿Desde cuándo? —preguntó Soraya, arqueando una ceja.
—No tengo que justificar mis hábitos alcohólicos.
—¡Sí, sí tienes que hacerlo! —exclamó Jun, señalándolo—. Porque nunca hemos visto ni una gota de alcohol cerca de tu ser divino.
—¿Y con quién vas? —preguntó Aldara, aún analizando la situación como si se tratara de un caso de asesinato.
—Con unos amigos del gimnasio.
El caos se desató.
—¡LOJO TIENE AMIGOS DEL GIMNASIO! —Jacobo señaló al techo como si estuviera pidiendo respuestas a los dioses.
—¿Te relacionas con humanos fuera de este estudio? —preguntó Soraya, teatralmente escandalizada.
—¿Eres un androide infiltrado que intenta parecer humano? —añadió Jun, mirando alrededor en busca de cámaras.
—Ya me diréis qué coño tiene de raro salir un sábado por la noche —respondió Lojo, revisando su reloj con absoluta calma—. No todos los planes tienen que incluir croquetas y quejas.
Jacobo puso una mano en su pecho, fingiendo estar ofendido.
—No ataques mi estilo de vida.
—En fin —Lojo se levantó y se encaminó a la puerta—. Nos vemos el lunes.
Todos lo vieron salir en un silencio sepulcral.
Más tarde esa noche…
El grupo seguía en el estudio. Soraya revisaba Instagram, Jun estaba debatiendo con Aldara si era legal electrocutar a clientes imbéciles y Jacobo masticaba un bocadillo de jamón con la paz de quien no tiene preocupaciones en la vida.
Entonces, el móvil de Jun vibró con una notificación.
Grupo de WhatsApp: TOO TATTOO (donde el arte es trauma)
Nuevo mensaje de voz de Lojo (0:37 segundos)
Soraya se inclinó hacia Jun.
—Dale al play.
—¿Y si es su testamento?
—Mejor. —Soraya sonrió—. Seremos sus herederos.
Primero, un ruido de fondo ensordecedor. Música alta, gente gritando, y de fondo, un vaso chocando contra el suelo.
Luego, la voz de Lojo. Pero no su voz habitual de dios del Olimpo. No. Era una voz más arrastrada, más… ¿cálida? ¿Borracha?
—Chavales… hic… creo que me he pasao un poquito…
Soraya se tapó la boca para no gritar de la emoción.
—Oh… Dios…
En el audio, alguien gritaba:
—¡LOJITO, HERMANO, OTRA TEQUILA MÁS!
Y Lojo, riéndose, respondió:
—¡Órale, cabrón, dale pues!
Silencio absoluto en el estudio.
Jacobo dejó caer su bocadillo.
Aldara parpadeó varias veces, como si su cerebro se hubiera colapsado.
Soraya se llevó las manos a la cabeza.
—¿Lojo… está… borracho… CON MEXICANOS?
Jun agarró su chaqueta y se la puso como si fueran a una misión de rescate.
—Nos vamos ya mismo.
El equipo de Too Tattoo salió del estudio como si fueran un escuadrón de fuerzas especiales en misión de rescate. Jun al frente, con el ceño fruncido y la desesperación en los ojos. Soraya y Aldara flanqueándolo, riendo como hienas ante la perspectiva del desastre que estaban a punto de presenciar. Y Jacobo, por supuesto, masticando una empanadilla como si fuera lo último que comería antes de la guerra.
La noche ya estaba bien avanzada y, a juzgar por el último mensaje de Lojo —un "¡VIVA MÉXICO, CABRONES!" acompañado del sonido de un mariachi improvisado— la situación había escalado de forma alarmante.
—Vale —dijo Jun, caminando rápido—. Lo último que sabemos es que estaba con mexicanos y que ya ha gritado “¡órale!”. Eso significa que hemos pasado el punto de no retorno.
—Yo diría que está en la fase “hermano, te quiero” del alcoholismo —opinó Soraya, revisando su móvil—. No falta mucho para que empiece la fase “quiero un burrito y nadie me lo impide”.
—Tenemos que encontrarlo antes de que se tatúe la bandera de México en el pecho —murmuró Aldara.
—O peor, antes de que se convierta en leyenda urbana —dijo Jacobo—. Ya me imagino: “Dicen que hay un dios griego que vaga por las noches, arreglando matrimonios y dejando tras de sí solo caos y bendiciones”.
Nuevo audio de WhatsApp: Lojo (0:42 segundos)
Jun pulsó play sin dudarlo.
"Amigos... acabo de bailar salsa en un concurso de baile. Y he ganado. ME HAN DADO UNA MEDALLA."
El grupo se detuvo en seco.
—¿QUÉ? —gritaron todos al unísono.
Jacobo resopló.
—Lojo borracho es el mejor Lojo.
Nuevo audio de WhatsApp: Lojo (0:19 segundos)
Esta vez, la música de fondo era aún más alta.
"Hermanoooos, una señora me ha dicho que soy su hijo perdido. ME HA REGALADO UN PONCHO. Me queda increíble. ¡No sé qué está pasando, pero soy el mejor!"
Aldara sacudió la cabeza, impresionada.
—¿Ha conseguido una madre mexicana en menos de dos horas?
—Lojo no vive la vida. Lojo la optimiza —murmuró Soraya, con un respeto renovado.
El grupo siguió caminando, buscando bares abiertos, preguntando a desconocidos. Pero no necesitaban preguntar demasiado. El Sendero de Lojo era fácil de seguir.
1. Un grupo de desconocidos brindando por “el hombre más elegante que hemos conocido”
2. Una pareja abrazándose en una esquina ("Ese hombre nos recordó por qué nos amábamos").
3. Un mendigo con una botella de tequila ("Ese cabrón me ha dado un discurso motivacional. Voy a cambiar mi vida").
4. Un DJ llorando de emoción ("Me ha dado la mejor recomendación musical de mi carrera. Le debo todo").
Nuevo audio de WhatsApp: Lojo (0:15 segundos)
"Amigos… creo que soy el alcalde de esta calle. Me han nombrado, nadie lo ha discutido. Esto es oficial.
—JODER —Jun se agarró la cabeza—. ¡Está acumulando poder!
—¿Y si en vez de salvarlo nos unimos a él? —preguntó Jacobo.
—NO. Lo necesitamos sobrio para que no nos humille con lo increíble que es cuando bebe —dijo Soraya—. Si esto sigue así, en dos horas será el dueño de la ciudad.
Un hombre borracho pasó corriendo junto a ellos, con una sonrisa de éxtasis.
—¿Habéis visto a Lojo? ¡Es el mejor! ¡Me ha ayudado a declarar mi amor por el amor de mi vida de hace 5 años y ahora estamos comprometidos!
—¿QUÉ? —Jun empezó a hiperventilar.
—Y me ha enseñado a hacer nudos de corbata. ¡INCREÍBLE!
El tipo desapareció en la multitud, felizmente ebrio y comprometido.
Nuevo audio de WhatsApp: Lojo (0:10 segundos)
Esta vez, se escuchaban sirenas de fondo.
"Estoy con la policía. PERO TODO BIEN. Uno de ellos me pidió consejo sobre su matrimonio. LE HE AYUDADO. Me han dado otra medalla."
El equipo se quedó en shock.
—Lleva dos medallas y un poncho. Si esto sigue así, para el amanecer será presidente —murmuró Aldara.
De repente, un grupo de hombres apareció en la esquina, charlando emocionados.
—¡Hermano! —uno de ellos agarró a Jun del brazo—. ¿Buscas a Lojo?
—¡SÍ!
—¡Lojo es el mejor! Nos ha salvado la noche, nos ha enseñado a hablar con mujeres sin parecer idiotas, nos ha dado recomendaciones de libros y nos ha explicado cómo invertir en Tesla sin arruinarse.
—¿¡QUÉ!? —Soraya gritó, ya histérica—. ¡ESO NO ES JUSTO! ¡Lojo borracho es MARAVILLOSO!
Jacobo suspiró.
—Debimos dejarlo así desde el principio.
Nuevo audio de WhatsApp: Lojo (0:08 segundos)
Se escucha un mariachi tocando en el fondo.
"Me están dedicando una canción. No sé qué hacer. Esto es hermoso."
El equipo se miró.
Jun respiró hondo.
—Tenemos que encontrarlo ya.
Soraya miró el móvil y luego al grupo.
—Mierda.
—¿Qué?
—Ha mandado su ubicación en tiempo real.
Jun la tomó y abrió el mapa.
Silencio.
Jacobo tragó saliva.
—¿Está en…?
—… una pelea de gallos ilegales.
Aldara se llevó una mano a la cara.
—Lojo borracho ha escalado demasiado rápido.
Jun guardó el móvil y se puso la capucha.
—Vamos por él.
El equipo de Too Tattoo llegó a la ubicación que Lojo había enviado: un solar oscuro, lleno de gritos, música de trompetas desafinadas y un ambiente que apestaba a alcohol barato, sudor y decisiones de las que uno se arrepiente al día siguiente.
—Vale, ya hemos rescatado amigos borrachos antes, pero nunca en una pelea de gallos ilegales —susurró Jun, mirando alrededor.
—Yo veo esto como una oportunidad de aprender algo nuevo —dijo Jacobo, sacando un bocadillo de su bolsillo y dándole un mordisco.
En el centro del caos, entre botellas rotas, apuestas descontroladas y un enano vestido de mariachi tocando una guitarra más grande que él, estaba Lojo.
Pero no estaba simplemente viendo la pelea. Lojo era el centro del espectáculo.
Vestía su poncho, las dos medallas colgadas en el cuello y… un sombrero de charro que no tenían idea de dónde había sacado.
—¡CIEN EUROS AL GALLO QUE PARECE MÁS FILOSÓFICO! —gritó Lojo, levantando un billete en el aire.
Los demás lo miraron en completo silencio.
—No… no puede ser real —susurró Aldara.
—¿Cómo ha conseguido dinero? —preguntó Soraya.
—¿Por qué ese gallo lleva gafas? —añadió Jacobo, señalando a un gallo que, efectivamente, tenía unas pequeñas gafas sobre el pico.
El gallo con gafas miró a su oponente y, con un gesto de absoluta superioridad intelectual, se quitó las gafas con una de sus alas antes de lanzarse al combate.
El público rugió de emoción.
Nuevo audio de WhatsApp: Lojo (0:05 segundos)
Jun pulsó play, aunque ya sabían que nada bueno saldría de ahí.
"Estoy en la mejor noche de mi vida y nadie puede detenerme. SOY UNO CON MÉXICO."
—Vale, ya basta —dijo Jun, avanzando con decisión—. ¡LOJO! ¡VAMOS A CASA!
Pero antes de que pudieran llegar hasta él, la policía irrumpió en la pelea de gallos.
—¡MANOS ARRIBA, ESTA MIERDA SE ACABÓ!
Caos. Los asistentes huyeron en todas direcciones, vasos volando, gallos corriendo por sus vidas, apuestas desparramadas por el suelo.
Lojo, en medio de la confusión, se subió a una mesa y levantó los brazos.
—¡POLICÍA, TRANQUILOS! ¡SOY UNO DE VOSOTROS!
—¿¡QUÉ!? —gritaron todos.
Lojo sacó un tercer colgante que no habían visto antes: UNA PLACA POLICIAL DE MENTIRA.
Los policías lo miraron con el ceño fruncido.
—¿Qué cojones…?
Uno de los oficiales lo reconoció.
—¡ES EL HOMBRE QUE ME SALVÓ EL MATRIMONIO!
El oficial miró a sus compañeros.
—Este hombre es un sabio. No podemos arrestarlo.
El resto de los policías se miraron, dudando.
—Pero… es una pelea ilegal de gallos.
—No podemos arrestar a Lojo —insistió el primer oficial—. ¡Nos ha dado la mejor terapia de pareja gratis!
—¡Y me enseñó a hacer nudos de corbata! —añadió otro.
En ese momento, Lojo se tambaleó, sonrió… y se desmayó de pie, cayendo como un árbol sobre una mesa llena de botellas vacías.
CRASH.
Silencio absoluto.
—¿Está muerto? —preguntó Jacobo con la boca llena.
—No, está roncando —dijo Soraya, acercándose.
Un oficial se inclinó sobre Lojo y lo miró con admiración.
—Démosle un Uber gratis. Es lo mínimo que podemos hacer.
Y así, de la forma más absurda posible, Lojo fue escoltado por la policía hasta un coche privado como si fuera un héroe de guerra.
A la mañana siguiente…
Lojo despertó en su cama, con resaca, el poncho todavía puesto y una pierna misteriosamente vendada.
Miró su móvil.
Grupo de WhatsApp: TOO TATTOO (donde el arte es trauma)
300 mensajes sin leer.
Miró las fotos.
—¿Por qué tengo una foto con un enano mariachi?
Miró sus brazos.
—¿Por qué tengo un tatuaje de una guacamaya con un bigote?
Finalmente, miró su mesa de noche.
Había una carta.
"Gracias, Lojo. Nunca olvidaremos lo que hiciste por México esta noche. Vuelve pronto. —Los Hermanos Gallardo"
Lojo suspiró, frotándose la cara.
—Nunca más…
Su móvil vibró.
Nuevo mensaje de Aldara:
"Nos vemos en el estudio, cabrón. Ah, por cierto… EL GALLO FILÓSOFO GANÓ."
Lojo se dejó caer de espaldas en la cama.
—Dios mío.

FIN.


Moraleja:

Si alguna vez sales de fiesta y terminas con un poncho, tres medallas, un tatuaje de guacamaya bigotuda, y la gratitud eterna de la policía y un grupo de apostadores ilegales, quizás bebiste demasiado... o quizás, solo quizás, acabas de vivir la mejor noche de tu vida y nadie podrá superarla jamás.

Conclusión: Lojo borracho es más eficiente que todos nosotros sobrios.

PD: Nunca apuestes contra un gallo con gafas.
























1 comentario:

Halper dijo...

Lo mejor que he leído en los últimos 5 años