miércoles, 5 de marzo de 2025

Platos Rotos y Fuego

 
Aldara llevaba semanas con los ovarios hinchados de estrés. Organizar una exposición de tatuadoras para recaudar fondos para mujeres no era fácil. No solo por la logística infernal, sino porque el mundo estaba diseñado para ponerle obstáculos a una mujer que intentara hacer algo grande sin pedir permiso.
Ese día, Aldara entró en Too Tattoo con la cara de alguien que ha visto el infierno y ha vuelto con ganas de pegarle fuego a todo.
—¿Por qué estás roja como una bandera soviética? —preguntó Soraya, dejando su café.
Aldara tiró una carpeta llena de papeles sobre la mesa con el dramatismo de una heroína trágica.
—Porque organizar esta mierda es más difícil que caminar sola por la calle sin que un tío te diga “sonríe, guapa”.
Jun, que estaba comiéndose un bollo como si su vida dependiera de ello, parpadeó.
—Eso suena… complicado.
—Es un INFIERNO.
Agarró un papel y lo levantó como si fuera un contrato satánico.
—¿Sabéis qué me dijeron en la imprenta? “Uy, cariño, pero ¿tú sabes de esto? Mejor que hablemos con el organizador.” ¡EL ORGANIZADOR SOY YO, PEDAZO DE PUTA!
—Uff… —murmuró Soraya, con la paciencia de quien ya ha oído esa mierda demasiadas veces.
—Lo mejor no es eso. Llamé para alquilar un local y el tío me dice: “Es que nunca hemos hecho una expo de tatuadoras, y si luego hay problemas con los permisos, ya sabes, las cosas de mujeres…” ¿PERMISOS? ¿DE QUÉ? ¿ACASO VA A SALIRME UN AGENTE DE LA LEY DEL CULO?
Jacobo, que estaba limpiando su set de piercings, resopló.
—Pero al final encontraste un local, ¿no?
Aldara lo miró como si acabara de sugerir que el agua no moja.
—No, Jacobo. Porque, ¿adivinad quién tiene una exposición UN DÍA ANTES QUE YO?
Silencio.
—Ah, sí, lo de Lojo —dijo Jun con total tranquilidad.
—¡¿QUÉ?! —gritó Aldara.
Jacobo se encogió de hombros.
—Sí, el otro día le preguntaron si quería hacer una exposición individual y dijo que sí.
Aldara se puso pálida.
—¿Me estás diciendo que Lojo, que NO HA TOCADO UN PINCEL EN SU VIDA, tiene una exposición INDIVIDUAL UN PUTO DÍA ANTES QUE YO?
—Básicamente… sí —respondió Jacobo, viendo la muerte en los ojos de Aldara.
—¿Y qué expone? ¿El vacío existencial de los hombres cuando les preguntas qué champú usan?
Lojo apareció en ese momento con su aire zen de siempre y su café en la mano.
—Buenos días, ¿de qué habláis?
Aldara lo miró con una calma escalofriante.
—De tu exposición, alma de cántaro.
Lojo sonrió.
—Ah, sí. Va a ser minimalista. Solo texturas y formas. Lo importante es la sensación, no el objeto en sí.
—O sea, que pegaste cosas a un lienzo y lo llamaste arte.
—Exacto.
Silencio.
—Tío, ¿te das cuenta de que tu mierda de exposición va a atraer a la prensa que necesitamos nosotras?
Lojo frunció el ceño.
—Bueno, ¿y si les digo que vayan también a la tuya?
—¿Así como cuando un tío te dice que "no todos los hombres" en una conversación sobre agresiones?
Lojo la miró con incomodidad.
—Ehm… No es lo mismo.
Aldara cruzó los brazos.
—Lojo, tienes dos opciones: o consigues que tu exposición no me robe toda la atención, o me verás vengarme como una mujer que ha escuchado “no eres como las demás” demasiadas veces en su vida.
Jun se inclinó y susurró:
—Hermano, huye.
Pero Lojo ya estaba atrapado. Y Aldara tenía un plan.
La noche antes de la exposición, Aldara no podía dormir. No porque estuviera nerviosa, sino porque la rabia la mantenía más despierta que un café intravenoso.
Lojo iba a eclipsar su evento con su mierda de “arte minimalista”, y encima la prensa lo estaba alabando como si hubiera reinventado el fuego.
NO PODÍA PERMITIRLO.
Así que puso en marcha la Operación “A Lojo se le cae el chiringuito”.

FASE 1: INFILTRACIÓN Y VENGANZA
Vestida de negro, Aldara se coló en la galería de Lojo con Soraya.
—Vale, esto es sencillo. Solo tenemos que hacer que su arte se convierta en un escándalo.
—¿Cómo? —preguntó Soraya.
Aldara sacó un rotulador.
—Vamos a volverlo un evento de tíos rancios.
Pegaron etiquetas en las paredes junto a las “obras” de Lojo. Ahora, en lugar de ser arte conceptual, las piezas tenían títulos como:
“La lucha del hombre moderno contra la friendzone”
“El gran genocidio del ghosting”
“Hombres en peligro: el feminismo como opresión”
—Esto es muy fuerte —dijo Soraya, conteniendo la risa.
—Lo suficiente para que mañana, en cuanto llegue la prensa, se lo cargue en Twitter.
Se quedaron mirando la sala con satisfacción. Ahora la exposición de Lojo parecía patrocinada por un grupo de WhatsApp de hombres que no superaron la adolescencia.

FASE 2: CONSECUENCIAS Y PRIMEROS SIGNOS DE APOCALIPSIS
Al día siguiente, Lojo llegó a su expo con una sonrisa zen.
—Gracias por venir, chicas —dijo al verlas.
Aldara disimuló como una profesional.
—Nada, hombre, qué menos que apoyarte.
—Sí, sí, apoyar —añadió Soraya, mordiéndose el labio para no partirse de risa.
Poco a poco, la gente fue entrando en la exposición. Al principio, todo iba bien. Demasiado bien.
Pero entonces, una periodista leyó uno de los nuevos títulos en voz alta.
—“El gran genocidio del ghosting”…
La mujer frunció el ceño.
—Lojo… ¿me puedes explicar esto?
Lojo palideció.
—¿QUÉ? ¡Eso no lo puse yo!
—¿Quieres decir que esto no es parte de tu concepto artístico sobre la masculinidad frágil?
Lojo tragó saliva.
—Ehm… sí… pero…
Ya era tarde. Twitter estaba explotando.
#LojoCancelado #ExposiciónDeMachirulos #ArdeLojo
Y en medio del caos, Aldara sonreía como un gato que se acaba de zampar un pájaro.
Pero entonces, pasó algo inesperado.

FASE 3: EL GIRO INESPERADO (PORQUE EL MUNDO ODIA A LAS MUJERES)

Un influencer feminista de dos metros, con el pelo rosa y uñas pintadas, se puso a llorar.
—Esto es brillante.
—¿Perdón? —preguntó Aldara, sintiendo que le empezaba a temblar un ojo.
—Es una sátira. Es el hombre cuestionando su propio rol tóxico en el arte. ¡Es la deconstrucción definitiva!
La gente asintió emocionada.
—Claro… es una obra que critica a los propios hombres.
—Dios, Lojo es un genio.
Lojo no entendía nada, pero se dejó llevar.
—Sí, sí… exacto… eso mismo quería hacer…
Aldara se quería lanzar por la ventana.
—¿Pero cómo cojones es posible que incluso cuando lo saboteamos, salga ganando?
Soraya suspiró.
—Tía, a los hombres les premian hasta cuando la cagan. Esto es como cuando un padre cambia un pañal y la gente lo aplaude como si hubiera construido la Torre Eiffel.
—Esto es peor que el mansplaining —murmuró Aldara.
Mientras tanto, Lojo recibía ofertas para exponer en más galerías.
Y Aldara tenía que hacer algo.
Lojo triunfaba… y su exposición iba a quedar en la sombra.

La exposición "Lengua de Fuego" había comenzado. Aldara debería estar feliz. Debería estar radiante, orgullosa y satisfecha de haberlo logrado.
Pero en lugar de eso, estaba en un rincón mordiéndose las uñas como si fuera a devorarse a sí misma.
Porque Lojo no solo había sobrevivido a su sabotaje, sino que estaba en la otra esquina de la sala con un grupo de periodistas, sonriendo como si fuera el Dalai Lama del arte conceptual.
—Voy a vomitar —susurró Aldara.
—Pues no lo hagas aquí, que las paredes las pintamos ayer —dijo Jun, con los brazos cruzados y una cara de amargado total.
—¿Qué coño te pasa a ti?
Jun bufó.
—Que Lojo ha salido en todas partes y yo sigo siendo invisible.
—No me jodas, Jun.
—Tía, ¿sabes lo que es pasarte años perfeccionando el tatuaje japonés para que de repente un cabrón que pegó cuatro platos a un lienzo se convierta en el nuevo Banksy?
Aldara no podía negar que le dolía lo mismo.
Pero entonces, una revelación la golpeó como un tren de mercancías.
Soraya.
O mejor dicho… Soraya, convertida en una puta superestrella.
La gente no dejaba de mirarla.
Los flashes no paraban.
Los paparazzis se amontonaban a su alrededor.
—¿Qué coño está pasando? —murmuró Aldara, viendo cómo los fotógrafos prácticamente se peleaban por sacarle fotos a Soraya.
—Creo que… su cambio de look fue demasiado impactante —dijo Jacobo entre bocados de empanada, observando la escena con un interés nulo.
Soraya se había teñido el pelo de negro y un rojo ardiente y se había vestido con un look de dominatrix cyberpunk. Y al parecer, el mundo había decidido que eso era lo más importante de la noche.
—¿Me estáis diciendo que después de TODO lo que curré para esta exposición, la estrella de la noche es Soraya y su cambio de peinado?
—Técnicamente, sí —dijo Jun con su amargura habitual.
—Yo lo vi venir —añadió Jacobo con la boca llena—. La gente ama un buen glow up.
Aldara estaba a punto de entrar en combustión espontánea.
Y entonces, llegó la última bomba de la noche.
Lojo se acercó a ella.
Con una sonrisa casi tímida.
—Aldara… creo que tenemos que hablar.
Aldara entrecerró los ojos.
—Si me dices que ahora eres feminista gracias a tu exposición, te meto una silla por el culo.
—No, no… bueno, sí, pero no. A ver, lo que quiero decir es que… yo sabía que ibas a sabotearme.
Silencio.
Aldara sintió que se le subía la sangre a la cabeza.
—¿QUÉ?
—Y también sabía que estabas jodida con los patrocinadores.
—¿CÓMO COÑO SABES ESO?
Lojo se rascó la nuca, incómodo.
—Mira… hace semanas me di cuenta de que estabas hasta el cuello con esta exposición. No querías pedir ayuda, pero estabas puteada. Así que… hablé con gente. Moví contactos.
Aldara parpadeó.
—¿Me estás diciendo que tú…?
—Sí. Yo conseguí que la prensa viniera.
—¿Tú…?
—También hablé con una marca de tinta de calamar para que te patrocinaran.
—¿TÚ…?
—Y organicé mi expo un día antes para atraer a los medios y que vinieran hoy.
Aldara sintió cómo su alma abandonaba su cuerpo.
—No puede ser…
Lojo sonrió, satisfecho.
—No te preocupes, sé que intentaste hundirme, pero no te guardo rencor.
Aldara sintió cómo una parte de ella moría.
—Lojo, te odio.
—Lo sé.
—Lojo…
—¿Sí?
—Si le dices a alguien que me ayudaste, te juro que te entierro en cemento fresco.
Lojo rió y le pasó el brazo por los hombros.
—Tranquila, esto queda entre nosotros.
Aldara suspiró, rendida.
—Tío, de verdad, te odio tantísimo.
Y con eso, la exposición fue un éxito.
A pesar de todo.
A pesar de Lojo.
Y sobre todo… a pesar del universo, que siempre se las arreglaba para joder a las mujeres hasta en sus propias exposiciones.




MORALEJA:

Nadie juega con Lojo.
Puedes sabotearlo, puedes intentar cancelarlo, puedes incluso declararle la guerra… pero al final, Lojo siempre gana.
Porque el karma no se aplica a los hombres que pegan platos rotos en un lienzo y lo llaman arte.
Porque el universo es así de cabronazo.
Y sobre todo…
Porque Lojo ya lo tenía todo planeado.
Así que si queréis verlo en su máximo esplendor, id a su exposición el 8 de marzo en la cervecería Malte.
Puede que sea una trampa.
Puede que sea una genialidad.
Pero lo que está claro es que os va a sorprender.

Y ya si eso el día 9 de marzo en Studio Follow. @lenguadefuego.colectivo

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